Artículo de Roy Páramo, formador experto en Innovación Metodológica y profesor del Programa Avanzado en Liderazgo y Gestión de Centros Concertados.

Adentrarse en el gran bazar de las metodologías activas puede suponer una puerta abierta a la revolución pedagógica de un centro educativo o convertirse en una de las peores experiencias para equipos directivos y claustros en las que terminan por perder su tiempo, entusiasmo y, lamentablemente, también su dinero. La sociedad ha cambiado, la escuela debe estar a la altura de los nuevos retos pero ¿a cuál de los miles de tenderos del gran bazar debemos hacer caso?

El concepto de “metodologías activas” suele aparecer ligado al de “innovación”. Paradójicamente, muchas de las actuales propuestas de “innovación educativa” tienen su origen en teorías y autores de finales del siglo XIX y principios del XX. ¿A qué se debe entonces el repentino auge del que están gozando en los últimos años? ¿Por qué su aplicación parece más necesaria que nunca? ¿Cómo llevarlas a cabo con éxito sin morir en el intento?

Hay varias cuestiones sobre las que debemos reflexionar antes de embarcarnos:

  • ¿Qué necesita realmente nuestro centro educativo?
  • ¿Quiénes van a ser los artífices del cambio y qué papel van a jugar los diferentes agentes (equipos directivos, claustros, alumnos o familias)?
  • ¿Cómo se estructura la formación, implantación y seguimiento de estas propuestas?
  • ¿Por qué y para qué nos calzamos las botas de las metodologías activas?

Es posible que al pensar en estas y otras cuestiones lleguemos a la conclusión de que, también en educación, “lo mejor es enemigo de lo bueno”. Las mejores recetas para el cambio probablemente no sean las opciones más rápidas, fáciles y simples; antes bien, el cambio suele venir del esforzado trabajo a lo largo del tiempo, la planificación rigurosa y la evaluación continua. Es precisamente este seguimiento basado en la evidencia uno de los grandes olvidados que garantizan una auténtica implantación.

Las redes sociales se hacen eco a diario de listas de colegios innovadores, de las ventajas de tales o cuales métodos, de entrevistas con gurús que se erigen en garantes de las secretas claves del éxito, de charlas, estadísticas, infografías, animaciones, confesiones, testimonios, premios y un largo etcétera que, lejos de iluminar el camino, diluyen las energías de quienes desean comenzar a caminar.

Sin embargo, el verdadero motor del cambio está en el liderazgo por parte de los equipos directivos, que deberán cristalizar la “visión” a través de una estrategia de gestión sólida y eficaz, como la que propone el “Modelo EFQM de Excelencia”. Por eso, como equipos directivos, si buscamos un cambio profundo en nuestros centros debemos aspirar a poner a disposición de los claustros algo más que amenas sesiones de formación y gigas de recursos y herramientas. Los cambios profundos son lentos, deben estar respaldados por una formación personalizada a la realidad del centro educativo y contar con un adecuado seguimiento que garantice una implantación sólida y duradera.

El módulo de “Metodologías activas” del Programa Avanzado en Liderazgo y Gestión de Centros Concertados presenta las principales tendencias en esta materia así como las claves y herramientas para su implantación y evaluación: una mochila con todo lo necesario para adentrarnos (y salir) con éxito del gran bazar de las metodologías activas.

BANNERS CONCERTA 2018-02

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