La tecnología avanza tan rápidamente que para cuando uno se acostumbra a su nuevo teléfono móvil, a su tablet o incluso a cualquier electrodoméstico las nuevas versiones han evolucionado tanto que prácticamente hay que volver a aprender a utilizarlas. Big data, el internet de las cosas, los drones o la industria 4.0 ¿Qué narices es eso? Se preguntarán muchos. Me entusiasma ser testigo de la vertiginosa revolución tecnológica que nos proporciona nuevos dispositivos que contribuyen a la mejora de la calidad de vida. No obstante, la mayor parte de estos avances, y esto no es algo de ahora, sino que ha pasado siempre en España, vienen del extranjero y eso no me agrada tanto. La mayor parte de los grandes científicos o grandes inventos que han revolucionado nuestra vida proceden de fuera de nuestras fronteras. Afortunadamente, cada vez se lucha más contra esta tendencia general y se pone de manifiesto el potencial emprendedor que tenemos.

La gente está acostumbrada a adoptar los nuevos avances en su vida sin pensar más allá, es decir, la forma en la que ha llegado un producto hasta nosotros, su funcionamiento o en qué se basa. Esa curiosidad que tenemos en la infancia, un auténtico tesoro, se va diluyendo con el paso del tiempo y no nos damos ni cuenta. Además, tenemos nuestro propio problema cultural particular. Pobre del que destaca, pobre del que intenta poner un poco de imaginación a las cosas, pobre del que se equivoca intentando hacer algo de manera diferente al resto.

Es necesario hacer todo lo posible por intentar cambiar esa mentalidad tan arraigada. Por mi bagaje científico, tengo asimilado que para aprender es necesario equivocarse, y no en pocas ocasiones porque es la única manera de progresar. Sólo cuando te encuentras caminos cerrados y descubres uno nuevo te das cuenta de que adquieres nuevos conocimientos y al final, en muchas ocasiones, es más importante el propio camino que el destino, pues cuando estás atento al camino se pueden descubrir nuevos destinos inimaginables en un principio.

Creo que nos queda todavía mucho camino por delante para que estas ideas se integren y se normalicen socialmente. Los conceptos de emprendimiento y de innovación se escuchan mucho desde el advenimiento de la terrible crisis económica pues son herramientas de vital importancia para cambiar nuestro modelo económico y poder ser más resistentes frente a escenarios similares en el futuro. Sin embargo, no se puede cambiar a la gente de la noche a la mañana en un país que carece de esa mentalidad. Es muy difícil cambiar a personas educadas con un sistema que hasta hace poco no potenciaba las cualidades que nos hacen únicos a cada uno. Se proporcionaban gran cantidad de conocimientos pero no se entrenaba a los alumnos para que emplearan esos conocimientos, para que intentaran buscar su propio camino, para que aportaran cosas únicas, en definitiva para que fueran innovadores. En los últimos años se han realizado esfuerzos para elaborar nuevas leyes en materia educativa que se adapten a la nueva realidad social y económica pero los cambios en el sistema educativo se producen casi siempre muy lentamente y existen grandes dificultades para que ocurran al ritmo en que la sociedad evoluciona.

Por ello tenemos que esforzarnos todavía más si cabe en difundir la ciencia y la tecnología para que ocupen un lugar importante en la sociedad y lleguen al último rincón de cada hogar y que los jóvenes, el verdadero motor de la sociedad, cuando, por ejemplo, tengan en sus manos un nuevo móvil no únicamente disfruten con él, sino que comprendan su funcionamiento, incluso que sueñen con diseñar cosas parecidas y en hacer cosas con las que los demás también puedan disfrutar igual que ellos lo hacen.

Desde la infancia la ciencia y la historia siempre me han fascinado. Me encantaba aprender cómo los exploradores y los científicos llevaron a cabo todos aquellos descubrimientos en diversos campos, en muchas ocasiones, yendo en contra de lo establecido para poder alcanzar sus metas. Esa admiración por esos grandes personajes junto con la curiosidad por la naturaleza de las cosas fue lo que me empujó a estudiar química y a formarme más tarde como investigador.

Lo que más me apasiona de la investigación es la posibilidad de desarrollar la creatividad que, en mi opinión, todos tenemos. He trabajado en el campo de la ciencia de los materiales y para mí la química es un espacio donde poder construir moléculas empleando los conocimientos sobre la naturaleza fisicoquímica de la materia a modo de herramientas para obtener materiales con unas determinadas propiedades. A través del control sobre la estructura microscópica y la composición química se pueden modular las propiedades de estos sistemas.

Me gustaría insistir en la idea de que todos podemos ser creativos y no hace falta descubrir nuevos compuestos químicos o realizar otro tipo de actividad científica o tecnológica para ser una persona creativa e innovadora. Ese es posiblemente el mensaje más importante que quiero transmitir con éste artículo. La innovación se puede dar en todos los ámbitos de la vida, y no hace falta tener un doctorado para llevarla a la práctica. A veces basta con observar a nuestro alrededor y averiguar la manera en que podemos cambiar ciertas cosas para mejorar nuestra vida y la de los demás. En ocasiones incluso un pequeño cambio para salir de la rutina diaria puede llevar a nuestra mente a nuevos retos e ideas. Este es el concepto de innovación que debemos inculcar a la gente para que se dé cuenta de que es accesible a todos.

Hasta el momento he desarrollado mi labor como científico en el ámbito de la investigación básica. He trabajado en la síntesis de materiales con diferentes propiedades pero no existía un objetivo de aplicación de estos para cubrir una determinada necesidad. Por esa razón, deseo participar en el diseño de nuevos materiales que tengan una repercusión más directa en los desafíos actuales que afronta la sociedad, por ejemplo, la reducción de la contaminación, el desarrollo de nuevas fuentes de energía alternativas a los combustibles fósiles o la mejora de los tratamientos médicos. Estos objetivos están estrechamente relacionados con las empresas de corte innovador que emplean el conocimiento para generar riqueza y es también el punto de vista de la I+D+i que estoy descubriendo gracias a mi participación en el programa GESTIDI.

 

    Rubén Chico Robles – Investigador químico, alumno de la presente edición GESTIDI17

 

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