Hace ya unos cuantos años tuve el placer de escuchar por boca de un prestigioso consultor internacional -francés para más señas- que la actual capacidad de producción del hombre en la tierra está sobredimensionada. Somos capaces de elaborar, de manufacturar, más que de sobra, todo aquello que necesitaríamos para nuestro abastecimiento. Si damos por válido este aserto y convenimos que la capacidad de producir no es un factor nuclear de diferenciación, deberemos profundizar en otros parámetros que den valor añadido a nuestra competencia profesional y a la del universo corporativo.

En un mundo global como el que nos toca vivir, marcado por un acelerado avance tecnológico y con unos mercados absolutamente interrelacionados, el papel de la empresa como generadora de riqueza es clave. A las compañías les corresponde suministrar a la sociedad los bienes, servicios y recursos necesarios, convirtiéndose por ello en el motor de la economía, y por ende en el motor de la prosperidad.

Una de las reflexiones prioritarias que nos corresponde plantear es cómo centrarnos en la búsqueda de los factores que nos orienten al éxito empresarial. Para la consecución de ese objetivo, una fórmula que nunca falla es la formación de líderes empresariales, pues una vez formados serán ellos quienes tracen el rumbo de la estrategia de éxito, con ayuda de las mejores y más actuales herramientas de gestión a su alcance (tecnológicas, financieras, jurídicas, operativas, funcionales, etc.). Pero muy especialmente su tarea debe centrarse en las personas, el factor diferencial clave en la empresa de hoy.

Atracción de talento, autoexigencia personal, eficiencia en la gestión, adaptación al entorno, innovación y mejora continua como principios inmutables, capacidad creadora, firmeza emocional, gran capacidad de comunicación, estado permanente de escucha y un largo etcétera de atributos personales marcan al líder de hoy. Si además le insuflamos principios éticos y morales sólidos, humildad, conciencia ecológica por el entorno que le rodea y altas dosis de honestidad, nos acercaremos al retrato robot de un profesional que llama a las puertas del éxito empresarial.

En poner luz a este camino de búsqueda nos jugamos mucho: el futuro de nuestro bienestar.

Por  Manuel Perucho Díaz, Director Gerente EN-CEUCyL

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